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Los economistas hemos venido alertando desde hace
tiempo que, de no rectificar, las políticas del gobierno conducirían a la
hiperinflación. Lamentablemente, se ha cumplido este pronóstico: hoy está con
nosotros este flagelo. Muchos colegas refieren a un alza de precios del 50%
mensual, señalado por Phillip Cagan en su clásico artículo, “The Monetary
Dynamics of Hyperinflation”1, como el umbral a partir del cual determinar que
existe hiperinflación. Este autor no exige que esta tasa se mantenga mes a mes
todo un año para la consistencia de su modelo, por lo que tiende a admitirse
una inflación de por lo menos 1000% como parámetro anual. La inflación del mes
de octubre de 45,5% declarada por la Comisión Permanente de Finanzas de la
Asamblea Nacional se acerca al umbral mensual, pero la proyección para el año
2017, tomando en cuenta la inflación de los últimos meses, arroja una cifra que
probablemente superará el 1,400%.
El Gráfico N° 1 registra la inflación mes a mes del
año 2017 según el Índice de Precio del Consumidor que elabora la Asamblea
Nacional. Se observa una aceleración del alza general de precios a partir de
mayo que, de sostenerse, ineluctablemente superará el 50% mensual en los meses
que quedan del año.
Es menester señalar, para desgracia de los venezolanos,
que similar comportamiento en los precios preludió los altísimos niveles de
hiperinflación -de varios miles o incluso de millones por ciento- que sufrieron
Bolivia, Perú y Argentina en los años ‘80, Chile, cuando Allende, Zimbabue
recientemente y Hungría entre agosto, 1945 y julio, 1946, la mayor registrada a
nivel mundial.
Sin embargo, el país está a tiempo de evitar tan
trágico desenlace si se toman las medidas apropiadas. Éstas se comprenderán
mejor si examinamos los elementos que expresan la dinámica inflacionaria:
• Crecimiento desorbitado de dinero sin respaldo
para financiar sector público;
• Abultados y sostenidos déficits del sector
público;
• Pérdida de confianza en el bolívar como
depositario de valor;
• Colapso sector externo y alza desmedida del dólar
negro;
• Indexación creciente de precios y remuneraciones.
1.
Crecimiento desorbitado de dinero sin respaldo
El Gráfico N° 2 registra el comportamiento de la
liquidez monetaria (M2), del crédito del BCV a las empresas públicas no
financieras (EPNF) y de la cotización del llamado “dólar paralelo” durante
2017. Este crédito a las EPNF no tiene contraparte alguna en divisas o en la
oferta doméstica de bienes y servicios, por lo que implica la creación de
dinero sin respaldo, permitido por las reformas a la Ley del Banco Central de
Venezuela (BCV) aprobadas desde 2010 por la AN anterior.
Con respecto al cierre de 2016, M2 (línea negra) ha
crecido en 414% hasta el 27 de octubre, el financiamiento monetario de las
empresas públicas (crédito a EPNF -rojo) en un 971% y el dólar paralelo en
1.198%. El incremento de la liquidez frente a una oferta de bienes y servicios
que no sólo no crece en la misma proporción, sino que decrece, presiona los
precios al alza: “muchos más bolívares persiguiendo cada vez menos bienes”. Se
observa también cómo la creación de dinero sin respaldo salta entre la última
semana de mayo y la primera de junio, al pasar de Bs. 8,6 billones (8,6 x 1012)
a 22,7 billones. Para finales de octubre, el financiamiento “inorgánico” a las
EPNF llegó a Bs. 60 billones.
2. Abultados
y sostenidos déficits del sector público
Este incremento exorbitante del dinero sin respaldo
se deriva de la necesidad de cerrar la brecha entre gastos e ingresos del
sector público. El intervencionismo del Estado en la actividad económica y las
prácticas populistas y clientelares que ha puesto en acción, han elevado el
gasto público a niveles nunca antes vistos en Venezuela. De acuerdo con las
cifras del informe que la República Bolivariana de Venezuela presentó ante el
Securities and Exchange Commission (SEC) de los Estados Unidos en 2016, el
gasto del llamado Sector Público Restringido 2 superó de manera consistente el
45% del PIB entre 2011 y 2015: no se conocen cifras oficiales para 2016. Es
decir, casi la mitad del valor de la actividad económica registrada en estos
años la aportó el sector público. Pero sus ingresos fueron bastante menores,
arrojando déficits significativos que, en estos años, oscilaron entre el 9,2% y
el 17,5% del PIB. Estos abultados déficits fueron financiados, primordialmente,
por dinero sin respaldo, referido arriba.
El Gráfico N° 3 registra el peso del financiamiento
monetario (dinero sin respaldo) del gasto público entre 2013 y 2016. Como no se
tiene información oficial completa para este último año, se estimó el gasto
público con base en los ingresos no petroleros registrados por el SENIAT
(segmento azul de cada columna), los impuestos declarados por PdVSA en sus
estados financieros (segmento negro), y la variación (incremento) del crédito a
las EPNF otorgado por el BCV (segmento rojo) y por la banca comercial y
universal (segmento amarillo). Se observa cómo se reduce el peso de los
ingresos de origen petrolero y se incrementa el de los ingresos de origen
doméstico, abultados por la inflación. Alarma que, en estas estimaciones para
2016, el financiamiento monetario y, por ende, el déficit del sector público,
supera el 45% del gasto (¡!). Tal relación, que parece abultada, es consistente
con una inflación de 550% registrada por la Comisión de Finanzas de la Asamblea
Nacional para 2016, con la metodología del BCV.
Cabe señalar que es a través del gasto público como
es arrojado a la circulación la emisión monetaria sin respaldo del BCV,
impulsando los precios al alza. Hasta finales de octubre de 2017, el incremento
del dinero “inorgánico” fue más de 11 veces mayor del aumento que se registró
para 2016.
3. Pérdida de
confianza en el bolívar como depositario de valor
Para el cierre de octubre, 2017, el valor del
bolívar, medido por su capacidad adquisitiva, era de apenas un 0,0025avo de la
que tenía a comienzos del gobierno de Nicolás Maduro. A la tasa de cambio
oficial DIPRO (10 Bs/USD), tiene hoy sólo 0,116 del valor que tenía al
instrumentarse el control de cambio el 5 de febrero de 2003. Al tipo de cambio
DICOM 3, vale todavía menos: 0,00049325 del valor que tenía para esa fecha. Y
medido por el tipo de cambio “paralelo”, el valor del bolívar en dólares el 10
de noviembre de 2017 era de apenas 0,00003216 del que tenía el 5 de febrero de
2003.
Con este colapso en su valor, nadie atesora
bolívares. Bolívar que ingresa a los hogares o las empresas se gasta
inmediatamente antes de que pierda más valor, bien sea comprando alimentos
antes de que sean todavía más caros; comprando o reparando activos personales
(artículos del hogar, automóviles, inmuebles); o poniendo a resguardo el escaso
valor de este dinero convirtiéndolo a dólares o a activos en dólares. La
vorágine de precios acelera así la “velocidad de circulación” del dinero, ya
que la gente busca desprenderse de sus bolívares (o de sus activos denominados
en bolívares) cuanto antes, permutándolos por bienes de consumo o activos que
conserven mejor su valor. Junto al incremento de la liquidez en manos del
público (masa monetaria) mencionada arriba, la velocidad con que circula el
dinero es un factor explicativo fundamental de la inflación 4, según la teoría
cuantitativa del dinero.
Lea el resto del informe aquí.

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