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Todas las semanas
por las redes sociales circulan audios de sindicalistas,
profesionales y técnicos de Pdvsa que denuncian el creciente y
acelerado deterioro de la compañía. Informan sobre equipos y
trabajadores que están parados. Confirman que no hay suficientes
taladros funcionando para incorporar yacimientos con alto potencial
de producción. Decenas de pozos se mantienen inactivos porque no
terminan de llegar los equipos y suministros especializados. En los
comunicados se menciona la falta de equipos y materiales
especializados, tales como: cabezales de producción, equipos de
empaque, grava sintética, etc. Otros equipos que escasean son los de
levantamiento artificial para el bombeo mecánico. Alertan sobre la
grave escasez de repuestos, lubricantes y otros insumos que se
necesitan con urgencia para asegurar un adecuado mantenimiento que
evite accidentes y permita que a la industria alcanzar su plena
capacidad.
En un contexto
hiperinflacionario, los retrasos en los pagos de Pdvsa descapitalizan
a las contratistas. Muchas ya no quieren participar cuando se les
convocan a licitar. Por falta de pago, Halliburton y Schlumberger
decidieron reducir sus actividades en Venezuela. En las denuncias se
indica que la contracción en las labores de perforación y
desarrollo de pozos profundizará las tasas de declive, sobre todo en
los campos maduros cuya producción seguirá cayendo. Para finales de
2018 esto podría significar una pérdida adicional de 100.000
barriles diarios. De no revertir esta tendencia, en el año 2021 la
producción apenas llegaría a 800.000 BPD.
Por si fuera poco,
los sindicalistas y trabajadores de Pdvsa denuncian que no hay
equipos de protección personal para los trabajadores. Eliminaron el
comedor del Edificio principal de Pdvsa Servicios. No se han renovado
los contratos de transporte para llevar a los trabajadores a las
áreas operativas, razón por la cual crece el ausentismo que impide
operar las plantas y equipos. Los técnicos con experiencia son
sustituidos por personal sin pericia operacional en diferentes
procesos productivos.
La nómina de
ingeniería que está quedando no cuenta con la preparación técnica
necesaria, cuestión que repercute en la selección, procedimiento de
trabajo y optimización de los yacimientos. Es tan errática la
selección que se rehabilitan pozos con potencial de producción de
50 BPD, cuando hay pozos con un potencial mayor a 500 BPD. En otros
casos, hay pozos parados porque no se ha completado el oleoducto y
retiran tuberías viejas para instalarla en pozos de mayor
producción, pero como tienen avanzada corrosión, se rompen al
iniciar la actividad. Los mensajes advierten que si no se revierte
esta tendencia, la producción seguirá cayendo y va rumbo al
colapso.
La destitución de
Eulogio Del Pino y Nelson Martínez, así como el encarcelamiento de
casi un centenar de gerentes, ha creado un ambiente de terror en
Pdvsa. El clima laboral es cada vez más tóxico y el nivel de
tensión interna crece. El personal luce desmotivado, justo cuando
más se necesitaba levantar su moral para recuperar la producción.
Decenas de gerentes y técnicos calificados han presentado su
renuncia y se suman a la diáspora que emigra de Venezuela. La
estampida continúa y el caos y la anarquía se han generalizado en
todas las filiales de la compañía.
A toda esta
problemática interna se suman los problemas externos. A pesar de que
Pdvsa finalmente logró cumplir con el servicio de la deuda en 2017,
las sanciones de los EE.UU. y la UE le han cerrado los mercados
financieros y se teme que la compañía no pueda honrar los pagos
previstos para 2018. Las sanciones impiden a Pdvsa colocar nuevas
emisiones de deuda para levantar los recursos frescos que necesita.
Incluso, la refinanciación de la deuda anterior quedó prohibida. El
riesgo reputacional inhibe a los fondos de inversión e instituciones
financieras de proporcionar nuevo financiamiento a Pdvsa o renegociar
la deuda anterior.
Incluso, proveedores
internacionales de Pdvsa han dejado de suministrar equipos e insumos.
Y no se descarta que las sanciones se puedan extender a las
importaciones de crudo liviano que se hacen desde los EE.UU. para
mezclarlo con el crudo pesado de la FPO. El impacto combinado de la
falta de financiamiento y suministros podrían llevar al colapso la
producción de Pdvsa.
La falta de
mantenimiento no solo ha afectado la producción de los campos
petrolíferos. También repercute en las refinerías que se quedan
sin suministros. La falta de mantenimiento ha provocado varios
accidentes en el complejo de refinación de Paraguaná, que ha visto
muy mermada su capacidad. Y esto causa la escasez de combustibles y
lubricantes que afecta a distintas regiones del país.
Pdvsa está atrapada
en un círculo vicioso. La caída de la producción y la pérdida del
financiamiento internacional impiden obtener los recursos que
necesita para levantar la producción y mantener al día los pagos de
su deuda financiera y comercial. Al paso que va, es probable que
Pdvsa no pueda cumplir con los compromisos de exportación ni pago de
su deuda externa e interna. Al caer aún más su producción,
Venezuela continuaría perdiendo ingresos. La caída de la producción
nacional reduciría la oferta mundial de petróleo pero, aunque esto
impulse un alza de los precios por encima de los 60 $/b, Venezuela no
resultaría beneficiada al no poder colocar más petróleo en los
mercados.
En el afán por
sortear la crisis, se apela a la venta de activos de Pdvsa y a las
reservas de la FPO para respaldar la emisión del Petro. Las
consecuencias de este accionar podrían ser la privatización y
desnacionalización, hipoteca de reservas, deuda externa encubierta
en una criptomoneda, desinversión y descapitalización, deterioro de
la infraestructura, accidentes y daños ambientales, caída continua
de la producción, pérdida de mercados, fuga de cerebros, exceso de
nómina no calificada, hasta llegar al extremo de declarar un cierre
técnico de la compañía.
La prolongada caída
del PIB y de la producción de Pdvsa ha mermado los ingresos del
gobierno. El déficit fiscal es cubierto con desmesuradas emisiones
de dinero sin respaldo que han desatado una hiperinflación sin
precedentes. El gobierno teme que el creciente malestar social
-debido a la escasez e hiperinflación- se traduzca en un alto costo
político. Argumentando que las sanciones internacionales alteran la
paz y tranquilidad nacional, el CNE pudiera suspender las elecciones
presidenciales previstas para este año, hasta tanto los EE.UU. y la
UE levanten las sanciones.

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