viernes, 24 de mayo de 2019

La neutralidad noruega y la mediación venezolana, por Antulio Rosales y Benedicte Bull – ProDaVinci (VEN)

Fuente Web

El anuncio la semana pasada de que en efecto enviados de alto nivel tanto de Nicolás Maduro como de Juan Guaidó habían participado en conversaciones iniciales, en fase exploratoria, con representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, generó reacciones diversas.

Por un lado, la historia de intentos de diálogo fracasados y la hiperbólica reacción de Maduro al recibir a sus enviados, genera un compresible escepticismo. Algunos analistas críticos a una negociación, los cuales prefieren mantener la estrategia de presión y quiebre frente al régimen de Maduro, han pintado a Noruega como un actor tímido y potencialmente favorable a la izquierda global. Por otro lado, algunas perspectivas más sobrias enfatizan la neutralidad del mediador.

La neutralidad histórica de Noruega no puede confundirse con una posición tenue de su gobierno frente a asuntos regionales y globales. En términos de seguridad, Noruega es un aliado fundamental y de histórico peso en la OTAN. Noruega tiene una de las dos fronteras territoriales entre esta alianza militar y Rusia. La cercanía es tal que su antiguo Primer Ministro, Jens Stoltenberg, del partido laborista, es el actual Secretario General de la organización.

Más allá de esto, Noruega ha apalancado lo que en la teoría social nórdica se ha denominado “geopolítica de los débiles”, centrándose en la promoción de valores humanitarios, la mediación y el firme apoyo a la multilateralidad. Esta línea de política exterior es conocida en Noruega como la política de compromiso (engasjementspolitikken), especialmente alrededor de temas de derechos humanos, equidad de género, protección medioambiental y cambio climático.

Siendo un país pequeño, con una posición estratégica importante para grandes potencias, en la época de la posguerra, Noruega se dedicó a cultivar la autonomía y neutralidad frente a los diferendos globales, promotora de valores humanitarios, pero siempre aliada a Estados Unidos y pieza clave en la seguridad del Atlántico Norte.

El interés de cultivar la autonomía ha llevado a Noruega a ser un actor clave en procesos de negociación y mediación internacional. En términos de política exterior, estos valores cuentan con un consenso multipartidista en Noruega, permitiéndole ganar espacios de influencia y prestigio en la promoción de soluciones pacíficas a conflictos internacionales.

Ahora bien, esta historia se vive en un contexto específico. El actual gobierno de la Primera Ministra Erna Solberg está encabezado por el partido conservador (høyre, literalmente “derecha”) y lo acompañan el partido de derecha nacionalista Partido del Progreso (fremskittspariet), la democracia cristiana noruega (Kristelig Folkeparti) y el partido liberal venstre. Pese a lo que han comentado analistas escépticos a una salida negociada desde Oslo, de ninguna manera se podría considerar esta coalición como un gobierno filomarxista con sensibilidades favorables al Foro de Sao Paulo.

El tema venezolano, aunque ha recibido atención en los medios locales, no representa un asunto de interés para la política local. Ninguna coalición en Noruega ganaría elecciones o haría campañas electorales sobre la base de lo que ocurra en Venezuela. Por su parte, la política petrolera noruega está actualmente enfocada en debates relacionados al cambio del patrón de extracción e inversiones del Fondo Petrolero para mitigar sus efectos en el calentamiento global. La fluctuación de la producción venezolana o las posibles inversiones de la compañía petrolera noruega en Venezuela no determinan los objetivos de la política exterior del parlamento.

El equipo del Ministerio de Relaciones Exteriores que lleva adelante los mecanismos de negociación para la paz es un equipo primordialmente técnico, con cierta autonomía del gobierno. Su Director General, Dag Nylander, es un diplomático de carrera encargado de llevar adelante la mediación noruega en el proceso de paz en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La experiencia reciente de La Habana no implica que ésta será una plantilla para un proceso como el venezolano, pero las relaciones establecidas a lo largo de años con los distintos actores pueden aportar confianza entre las partes. En este caso, los intentos recientes de Canadá de establecer puentes con Cuba para incluir al gobierno de Miguel Díaz-Canel en la solución del caso venezolano es una señal importante que puede sumar fortalezas a una negociación encabezada, en parte, por Noruega.

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