martes, 4 de junio de 2019

¿Por qué Maduro no salvó a Citgo?, por Antonio Sucre – Aporrea (VEN)

Fuente Web

Sin lugar a dudas, uno de los valores más apreciados en cualquier ser humano es la Honestidad. Esa capacidad, muy particular de algunos individuos, para hacer de la verdad y la transparencia en la acción y el discurso, un modo de vida. Dicho comportamiento es especialmente valorado en personajes públicos, que son capaces de transmitir confianza, credibilidad y un liderazgo moral incuestionable. Así, El Libertador le escribía al Mariscal Sucre una carta privada fechada en 1824, en la que sentenciaba: "(…) usted sabe que yo no sé mentir, y también sabe usted que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento (…)". ¡¡Qué lejos están los politiqueros de turno de los preceptos humanos morales del Padre de La Patria!!

En esta hora histórica que transita el país, el oscurantismo ha copado todos los espacios. No existe el debate de ideas, ni el respeto a las opiniones discrepantes. Ejercer la Honestidad puede ser considerado "Traición a la Patria" o "colaboracionismo", traduciéndose en cárcel (sin juicios ni pruebas) para el primer "delito", o en linchamiento político, moral y hasta físico, para el segundo. En su afán de proteger intereses individuales, los secuestradores del poder político mienten ya sin un ápice de vergüenza. Se ofrecen cifras falsas, se prometen fantasías que nunca se cumplen, y se levantan calumnias que distraigan la atención de los problemas verdaderamente urgentes de la nación. ¿Cuánta verdad subyace a este océano de mentiras? ¿Cuántos "leales siempre" han sido traidores toda su vida? ¿Qué verdades se empeñan en esconder tras los barrotes de todas las cárceles civiles y militares del país? El oscurantismo impide determinar el origen del caos económico actual, sin lo cual es imposible ofrecer un diagnóstico cierto y muchísimo menos un tratamiento adecuado a la aparente enfermedad terminal que sufre nuestra agotada Patria.

La evaluación sistemática de las razones del colapso económico del país, debe ser realizada en forma objetiva y no distorsionada políticamente por los sectores en pugna, tanto del sector que gobierna como del que lidera la oposición desde la Asamblea Nacional, ambos con el interés común de construir una épica a la medida de su conveniencia, distorsionando las causas raíz que han precipitado un colapso económico sin precedentes en la historia moderna y mucho menos comprensible en un país con los ingentes recursos naturales de los que dispone Venezuela.

Por un lado, los voceros del "madurismo", han modificado su discurso paulatinamente, sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos, para terminar atribuyendo todas las causas al Imperio Norteamericano y a la guerra económica que se ha emprendido contra el país y desde comienzos de marzo de este año, a una causa mas concreta: "la Guerra Eléctrica".

En todos sus análisis superficiales, se abstienen de autoevaluarse críticamente en torno a aquellas decisiones de su gobierno que hayan impactado de forma más específica y que hayan actuado como detonantes de la crisis que actualmente vive nuestra nación, por las ambiciones desmedidas de los grupos de poder que rodean a Nicolás Maduro, cuyo principal objetivo es tomar el control directo de todos los recursos generadores de divisas del país.

Por su parte, el sector opositor, además de compartir el interés en secuestrar para sus grupos de poder los recursos del Estado, tiene como objetivo borrar al Chavismo como movimiento social y político, eliminando todo lo positivo que bajo el liderazgo de Hugo Chávez se consiguió en la primera década de este siglo para la economía del país y la satisfacción del Pueblo en general. Por esta razón, prefiere trasladar toda la responsabilidad del desastre actual al Presidente Chávez, sin que tenga posibilidad alguna de defenderse desde la eternidad en la que se encuentra. El "madurismo" hace un silencio cómplice a esa tergiversación, ya que está acostumbrado a cabalgar sobre el legado del Comandante, como aquel hijo descarriado que despilfarra toda la fortuna y valores que le dejo su padre muerto y prefirió vivir de la chequera que este le lego hasta usar los últimos fondos que le quedan disponibles.

Pero cuál es el detonante que precipitó este colapso que sufre el Pueblo venezolano? Ese elemento hay que buscarlo en la decisión de Maduro de comenzar, en el último trimestre de 2017, una purga, al mejor estilo Stalinista, contra el corazón económico del país: Petróleos de Venezuela, su gerencia y sus trabajadores patriotas, quienes en circunstancias muy difíciles sostenían la producción petrolera, a pesar de que Maduro le exprimía hasta el último centavo de dólar que generaba.

Maduro y su errada política económica, le negaba a PDVSA, desde su llegada al poder, los recursos necesarios para la realización de las inversiones y los mantenimientos que una empresa con la envergadura que Petróleos de Venezuela requiere. Para entender esto, es necesario revisar las estadísticas de producción que mensualmente publica la OPEP, en base al promedio estimado por 6 diferentes fuentes secundarias.

En este gráfico puede apreciarse cómo, hasta las nefastas decisiones de Maduro en septiembre 2017, la producción petrolera se sostenía por encima de 1,97 millones de barriles diarios, nivel que había sido acordado en diciembre de 2016 cuando se firmó el acuerdo de productores OPEP+, que permitió posteriormente la recuperación de los precios del crudo que habían colapsado desde lo mas de $100 por barril en 2014. 

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