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Sin lugar a dudas, uno de los valores más apreciados en
cualquier ser humano es la Honestidad. Esa capacidad, muy particular de algunos
individuos, para hacer de la verdad y la transparencia en la acción y el
discurso, un modo de vida. Dicho comportamiento es especialmente valorado en
personajes públicos, que son capaces de transmitir confianza, credibilidad y un
liderazgo moral incuestionable. Así, El Libertador le escribía al Mariscal
Sucre una carta privada fechada en 1824, en la que sentenciaba: "(…) usted
sabe que yo no sé mentir, y también sabe usted que la elevación de mi alma no
se degrada jamás al fingimiento (…)". ¡¡Qué lejos están los politiqueros
de turno de los preceptos humanos morales del Padre de La Patria!!
En esta hora histórica que transita el país, el oscurantismo
ha copado todos los espacios. No existe el debate de ideas, ni el respeto a las
opiniones discrepantes. Ejercer la Honestidad puede ser considerado
"Traición a la Patria" o "colaboracionismo", traduciéndose
en cárcel (sin juicios ni pruebas) para el primer "delito", o en
linchamiento político, moral y hasta físico, para el segundo. En su afán de
proteger intereses individuales, los secuestradores del poder político mienten
ya sin un ápice de vergüenza. Se ofrecen cifras falsas, se prometen fantasías
que nunca se cumplen, y se levantan calumnias que distraigan la atención de los
problemas verdaderamente urgentes de la nación. ¿Cuánta verdad subyace a este
océano de mentiras? ¿Cuántos "leales siempre" han sido traidores toda
su vida? ¿Qué verdades se empeñan en esconder tras los barrotes de todas las
cárceles civiles y militares del país? El oscurantismo impide determinar el
origen del caos económico actual, sin lo cual es imposible ofrecer un
diagnóstico cierto y muchísimo menos un tratamiento adecuado a la aparente
enfermedad terminal que sufre nuestra agotada Patria.
La evaluación sistemática de las razones del colapso
económico del país, debe ser realizada en forma objetiva y no distorsionada
políticamente por los sectores en pugna, tanto del sector que gobierna como del
que lidera la oposición desde la Asamblea Nacional, ambos con el interés común
de construir una épica a la medida de su conveniencia, distorsionando las
causas raíz que han precipitado un colapso económico sin precedentes en la
historia moderna y mucho menos comprensible en un país con los ingentes
recursos naturales de los que dispone Venezuela.
Por un lado, los voceros del "madurismo", han
modificado su discurso paulatinamente, sobre todo a la luz de los últimos
acontecimientos, para terminar atribuyendo todas las causas al Imperio
Norteamericano y a la guerra económica que se ha emprendido contra el país y
desde comienzos de marzo de este año, a una causa mas concreta: "la Guerra
Eléctrica".
En todos sus análisis superficiales, se abstienen de
autoevaluarse críticamente en torno a aquellas decisiones de su gobierno que
hayan impactado de forma más específica y que hayan actuado como detonantes de
la crisis que actualmente vive nuestra nación, por las ambiciones desmedidas de
los grupos de poder que rodean a Nicolás Maduro, cuyo principal objetivo es
tomar el control directo de todos los recursos generadores de divisas del país.
Por su parte, el sector opositor, además de compartir el
interés en secuestrar para sus grupos de poder los recursos del Estado, tiene
como objetivo borrar al Chavismo como movimiento social y político, eliminando
todo lo positivo que bajo el liderazgo de Hugo Chávez se consiguió en la
primera década de este siglo para la economía del país y la satisfacción del
Pueblo en general. Por esta razón, prefiere trasladar toda la responsabilidad
del desastre actual al Presidente Chávez, sin que tenga posibilidad alguna de
defenderse desde la eternidad en la que se encuentra. El "madurismo"
hace un silencio cómplice a esa tergiversación, ya que está acostumbrado a
cabalgar sobre el legado del Comandante, como aquel hijo descarriado que
despilfarra toda la fortuna y valores que le dejo su padre muerto y prefirió
vivir de la chequera que este le lego hasta usar los últimos fondos que le
quedan disponibles.
Pero cuál es el detonante que precipitó este colapso que
sufre el Pueblo venezolano? Ese elemento hay que buscarlo en la decisión de
Maduro de comenzar, en el último trimestre de 2017, una purga, al mejor estilo
Stalinista, contra el corazón económico del país: Petróleos de Venezuela, su
gerencia y sus trabajadores patriotas, quienes en circunstancias muy difíciles
sostenían la producción petrolera, a pesar de que Maduro le exprimía hasta el
último centavo de dólar que generaba.
Maduro y su errada política económica, le negaba a PDVSA,
desde su llegada al poder, los recursos necesarios para la realización de las
inversiones y los mantenimientos que una empresa con la envergadura que
Petróleos de Venezuela requiere. Para entender esto, es necesario revisar las
estadísticas de producción que mensualmente publica la OPEP, en base al
promedio estimado por 6 diferentes fuentes secundarias.
En este gráfico puede apreciarse cómo, hasta las nefastas
decisiones de Maduro en septiembre 2017, la producción petrolera se sostenía
por encima de 1,97 millones de barriles diarios, nivel que había sido acordado
en diciembre de 2016 cuando se firmó el acuerdo de productores OPEP+, que
permitió posteriormente la recuperación de los precios del crudo que habían
colapsado desde lo mas de $100 por barril en 2014.
Haga click en este enlace para leer el resto del informe.

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