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| Fuente Web |
Hasta hace poco, muchos venezolanos consideraban que Henry
Ramos Allup había sido un destacado dirigente político con una carrera exitosa
como parlamentario, Secretario General del partido Acción Democrática, supuesto
corresponsable de los errores del pasado, cuya estrella estaba en declive.
Cuando se mencionó su nombre como candidato a presidir la Asamblea Nacional
electa en el 2012, algunos pensamos que políticamente ello no era conveniente.
Por su parte, Pedro Carmona era señalado como un empresario
serio y cuando fue presidente de Fedecámaras tuvo una masiva simpatía de los
opositores de a pie por su aguerrida conducta en contra de las arbitrariedades de
los rojos. Después fue señalado como el culpable del fracaso de la gesta cívica
del 11 de abril del 2002 y por lo tanto satanizado.
¿Se mantienen estas percepciones? Sobre Ramos Allup las
encuestas son claras. Antes de asumir la presidencia de la Asamblea Nacional
figuraba con un bajo porcentaje de popularidad. Gradualmente, su posición firme
en el parlamento, sus declaraciones duras e incisivas en contra del régimen,
unido a la torpeza de este lo catapultaron al primer lugar en la preferencia de
los encuestados, superando a Leopoldo y a Capriles, según el último sondeo.
Desde luego es pronto para conocer si se mantendrá esta
tendencia que obligaría a aplazar las aspiraciones de la nueva generación de
líderes. Tampoco queremos especular sobre el posible efecto en los jóvenes
votantes. El punto es que Ramos, con todo su derecho, declaró que estaría
dispuesto a medirse en primarias. Este es un ejemplo más de que en política no
hay “muertos” y que la tenacidad y experiencia del dirigente adeco, así como las
torpezas del régimen le pueden dar vuelta a la tortilla.
En el caso de Carmona no tenemos evidencias numéricas, pero
muchos deben preguntarse qué hubiese sucedido si el Decreto logra apoyo
político y militar. El mismo contemplaba realizar elecciones parlamentarias en
ocho meses y presidenciales en un año, con la expresa prohibición de que
Carmona fuese candidato. ¿Era preferible esto o que los rojos continuaran
violando la Constitución
y hundiendo a Venezuela en la miseria?
Para el 11 de abril la popularidad del régimen era de un
30%. Solo pequeños grupos salieron a exigir el regreso de su líder y en la Fuerza Armada ningún
oficial reclamó que el Alto Mando le hubiese exigido la renuncia a quien
propició la masacre y aceptó dejar Miraflores con la condición de que lo
enviaran a Cuba. Errores del nuevo equipo, la incomprensión del liderazgo
político que se rasgó las vestiduras ante medidas necesarias que tomó el
gobierno de facto y las disputas del generalato permitieron el regreso de quien
fue nefasto para el país.
Algunos dirán que hay temas de más actualidad e importancia,
lo cual es cierto. Sin embargo nos permitimos abordar el punto para insistir en
que debemos ser más prudentes a la hora de ensalzar o de satanizar hechos y
personas. Muchos alabaron al teniente coronel, para después decepcionarse.
Otros descalifican a dirigentes de la oposición sin pensarlo dos veces. Lo que
ayer percibimos como bueno o malo, hoy quizá ya no lo es. Solo los principios y
valores son universales y eternos, como decía Risieri Frondizi.
Ante el endurecimiento de la represión política es requisito
indispensable que los demócratas cerremos filas. Es cierto que muchas
dictaduras han salido por elecciones, pero ningún régimen totalitario ha
perdido el poder mediante el voto. Quizá lo sensato es hacer lo posible por
dialogar y negociar una transición, pero paralelamente presionar por todos los
medios para que se realicen el revocatorio y las elecciones regionales este
año, insistir en la doble nacionalidad del presidente de facto y lograr el
concurso activo o pasivo de quienes detentan las armas.

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