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| Foto: AFP |
A Nicolás Maduro el tiempo para lograr la ansiada y
necesaria gobernabilidad se le acabó en términos políticos y económicos, lo
cual equivale a decir, que sólo su salida como usurpador de Miraflores podrá
volver a materializar al país por la senda del crecimiento y desarrollo.
Por ello, haga lo que haga y aunque sea de manera disimulada
para evitar el costo ideológico – político sobre sus fanatizados y panegíricos
seguidores, más allá de tratar que chinos y rusos puedan darle su aprobación en
el ámbito de sus inversiones en Venezuela, la verdad es que aunque lograra
acabar con la hiperinflación – que nunca lo hará al no tener una política
cambiaria y articulada con lo que intenta aplicar – buscando salir en una
cadena nacional de radio y televisión para vociferar que "está venciendo
la guerra económica y al imperio", la única verdad es que sus medidas en
la forma en que las está aplicando, no solamente están disparando la propia
hiperinflación, sino que la crisis se agrava en los términos de servicios
públicos, mientras que la industria petrolera se aproxima hacia su total
paralización, al punto que no habrá ni un barril de petróleo para enviar a sus
principales socios con los cuales mantiene inmensas deudas.
En efecto, el madurismo a inicios del año, liberó la tasa de
cambio y equiparó el dólar oficial con lo que ellos denominaban "dólar
criminal" tratando con esa medida de comenzar a recibir parte de las
remesas que están enviando los venezolanos que han emigrado, así como intentar
quedarse con los aportes que amigos e instituciones realizan a la población que
sufre las consecuencias de la destrucción económica que el régimen ha socavado
contra el país, al punto que el Banco Central de Venezuela (BCV) reconoce que
la hiperinflación llegó al 130.060% en 2018, y el salario promedio del
venezolano apenas ronda los 10 dólares mensuales.
Posterior a esa medida, el madurismo aumentó al 100% el
nivel de encaje legal de los bancos, y ha dejado de emitir "bonos locos"
a través del llamado "carnet de la patria" tratando de restringir la
liquidez y la emisión de dinero inorgánico, decisión financiera con la cual ha
logrado evitar que la tasa de cambio haya aumentado en promedio otro 100% desde
el cierre de su valor en 2018 hasta lo que ha avanzado de 2019, pero si bien
tal restricción ha influido sobre el valor del dólar, la misma no ha impedido
que los precios sigan su alza brusca en términos hiperinflacionarios. De hecho,
productos básicos como huevos, carne o el queso – y no precisamente por razones
estacionarias - que costaban en promedio entre 2 y 4 dólares hace unos meses,
esos mismos productos ahora se cotizan hasta el doble de su valor en moneda
extranjera, y así está ocurriendo con la mayoría de los productos, y en
especial con los servicios privados de educación, salud y comunicaciones, los
cuales incluso han superado hasta en 10 veces su valor desde el cierre de 2018.
Esa es la razón por la cual el poder de compra de unos 100 dólares de 2018 se
ha reducido considerablemente en 2019.
Ahora el madurismo, buscando seguir abriendo el mercado
cambiario permite a los bancos públicos y privados comprar y vender divisas –
aunque de ventas no existe en la praxis – y establecer con esas
"mesas" una especie de equilibrio cambiario, con la cual por cierto
ha sellado el entierro definitivo del llamado "Petro" que en ningún
momento ha funcionado en la economía y sólo sirvió de propaganda ficticia para
la reconversión donde el madurismo le quitó cinco ceros a la moneda, y terminó
de pulverizar la economía del país. Incluso ya ni siquiera de habla de esa
barbaridad monetaria para fijar el precio del petróleo y menos para equipararlo
en relación con el salario mínimo.
Por el contrario, el madurismo ni siquiera utiliza sus
"instituciones" de control para atacar a los comercios que han
legalizado de facto el uso del dólar, peso colombiano o el real brasileño para
las transacciones comerciales en el país como la llamada Superintendencia
Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos(Sundde) que convertida
en otra bazofia política del neototalitarismo, ni siquiera el ministerio de
propaganda del propio madurismo publica informaciones de tal
"institución" cuando las últimas que refleja de tal desecho de
burocracia corresponden al 2017¹, lo cual revela que el régimen lo menos que
está pendiente es de los precios y los derechos de los ciudadanos. Es simple,
hasta el madurismo ha permitido a las grandes empresas que aún operan en
Venezuela que puedan emplear la dolarización tanto en la fijación de los
precios como en la comercialización de esos productos.
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