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| Foto: NASA |
Titán, el mayor satélite de Saturno y el segundo más grande
del sistema solar después de Ganímedes, es algo más que un satélite. Se le puede considerar un miniplaneta, con su atmósfera y
con muchos procesos meteorológicos que lo asemejan a la Tierra más que ningún
otro cuerpo de nuestro sistema planetario.
La comprensión de cómo se comporta la baja atmósfera de
Titán ha cambiado de forma considerable en los últimos 30 años.
Lo sabemos gracias a las observaciones efectuadas tanto
desde la Tierra como desde el espacio por el telescopio espacial Hubble, por
instrumentos a bordo de la misión Cassini (NASA) y por la sonda de descenso
Huygens (ESA).
En esos 30 años se ha podido establecer un ciclo climático
muy variado y activo en la troposfera del satélite.
Una luna fría y cargada de metano
La superficie de Titán soporta una atmósfera con una presión
una vez y media la que soportamos los humanos en la Tierra. La composición a
nivel de la superficie es mayoritariamente nitrógeno molecular (90%) y
aproximadamente un 5% de metano (por encima de 40 km, en la tropopausa, el
metano solo representa el 1,4 %).
Las condiciones en la troposfera son tales que el metano se
encuentra cercano a su punto triple, donde los estados sólido, líquido y
gaseoso pueden coexistir.
Se dan, por tanto, fenómenos de precipitación, evaporación y
probablemente criovulcanismo, que liberan metano desde la superficie a la
atmósfera.
Estos procesos aquí descritos se parecen mucho a lo que
ocurre en la Tierra, con la única diferencia de que las moléculas responsables
son el metano en Titán y el agua en nuestro planeta.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre la Tierra y
Titán: la temperatura superficial en el satélite es 93,5 K (-180 ºC). La
cantidad de radiación solar que le llega, junto con el efecto de gases
"calentadores" e invernadero, dan como resultado neto un mundo muy
frío.
Los vientos, que tan solo deberían ser de unos cm/s (de
acuerdo a la radiación solar que llega), se tornan en vientos sostenidos de
hasta 4 km/h que se amplifican hasta los 180 km/h por el efecto de marea que
Saturno provoca en el satélite.
Muchos de los hidrocarburos de la atmósfera llueven o nievan
sobre la superficie y se han observados cambios en la extensión e, incluso, en
la composición de estos en los últimos 30 años.
La sonda Huygens (ESA) descendió sobre el lecho seco de un
río o lago en el que las imágenes de las rocas se asemejaban a cantos rodados,
o sea, hubo un fluido corriendo por allí que las erosionó y dicho fluido ya no
estaba.
Por lo tanto, hay fenómenos meteorológicos que dependen de
las estaciones y permiten la formación y desaparición de lagos (de entre 10 y
100 000 km²), principalmente en los polos.
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